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Snowboard para principiantes: por qué cuesta más al principio que el esquí

Por qué los primeros días de snowboard son más duros que en esquí, cómo caer sin hacerte daño, si eres goofy o regular, y qué cambia en el equipo respecto al esquí.

Hay una frase que se repite mucho entre quien lleva años en la nieve, “el esquí es más fácil de empezar, el snowboard es más fácil de dominar”. Como toda generalización tiene matices, pero apunta a algo real: los primeros dos o tres días de snowboard suelen ser más duros que los primeros días de esquí, y luego, una vez que el cuerpo entiende el mecanismo, la progresión se acelera de una forma que sorprende a mucha gente.

Vamos a explicar por qué pasa esto y qué puedes hacer para que esos primeros días cuesten lo mínimo posible.

Por qué los primeros días son más duros que en esquí

En esquí, cada pierna se mueve de forma independiente, lo que te da margen para corregir el equilibrio con una pierna mientras la otra hace otra cosa. En snowboard, tienes los dos pies fijados a la misma tabla, moviéndose siempre juntos y no hay margen para ese tipo de corrección individual, así que el equilibrio depende por completo de tu tronco y tus caderas.

A eso se le suma la parte técnica más difícil de todo el deporte: el control de cantos. Una tabla de snowboard tiene dos filos, el de talones (canto trasero) y el de puntera (canto delantero), y prácticamente toda la técnica consiste en aprender a apoyarte en uno u otro con precisión. Hasta que ese gesto se automatiza, es habitual “pillar canto”, es decir, que el filo equivocado se clave en la nieve y provoque una caída, normalmente hacia delante o hacia atrás según qué canto se enganche.

Es precisamente ese tramo, entender los cantos y dejar de pillarlos con cada giro, el que marca la diferencia entre los primeros días duros y el resto de la curva de aprendizaje, que suele ir mucho más rápido en cuanto se supera.

Por qué un monitor importa todavía más en el snowboard que en esquí

Ya hemos hablado en otro artículo de por qué un monitor marca la diferencia al aprender a esquiar (“Aprender a esquiar siendo un adulto: por qué la edad no es el problema”). En snowboard, esa diferencia es todavía mayor, por un motivo muy concreto, el margen de error físico es más pequeño. Al no poder corregir con una pierna independiente, un mal hábito de postura se paga con más caídas, no con una técnica simplemente menos pulida.

Un monitor de snowboard hace, además de diagnosticar y calibrar cada paso, algo específico de este deporte: te enseña a trabajar primero un canto y luego el otro por separado, en vez de intentar encadenar giros completos desde el primer día, que es exactamente el atajo que más gente intenta tomar por su cuenta, y el que más caídas y frustración genera.

Cómo caer sin hacerte daño

Si hay un consejo que hay que tomarse en serio desde el primer minuto, es este: cuando caigas, y vas a caer, mucho, sobre todo los primeros días, nunca apoyes las manos para frenar la caída. Es el reflejo más natural del mundo y también el que más muñecas rotas provoca en snowboard, precisamente porque al tener los pies fijos no puedes usar las piernas para amortiguar como harías en esquí.

Lo que sí funciona es mantener los brazos cerca del cuerpo, cruzados sobre el pecho, y dejar que el golpe lo absorban los antebrazos o la espalda, no las manos extendidas. Por este motivo, unas muñequeras de protección no son un capricho en snowboard, son casi tan básicas como el casco, rodilleras y, si caes mucho de espaldas, un protector lumbar.

Goofy o regular: tu primera decisión antes de subir a la tabla

Antes de nada, necesitas saber con qué pie vas a ir delante. Si llevas el pie izquierdo delante, eres “regular”; si llevas el derecho, eres “goofy”. Ninguna de las dos es mejor, es simplemente tu forma natural de mantener el equilibrio lateral.

Para saberlo sin haber subido nunca a una tabla, hay dos pruebas rápidas que suelen acertar:

  • Corre unos metros y deslízate sobre un suelo liso (en calcetines, por ejemplo): el pie que pones delante al deslizarte suele ser tu pie de apoyo.
  • Pide que alguien te empuje suavemente por la espalda sin avisar: el primer pie que adelantas para no caer suele ser el mismo.

Ninguna prueba es infalible del todo, la confirmación real llega en tus primeras bajadas, así que si al principio te sientes muy incómodo, prueba con la posición contraria antes de asumir que “el snowboard no es para ti”.

Lo que cambia del equipamiento respecto al esquí

Si ya has esquiado antes, hay varias diferencias de equipo que conviene tener claras:

  • La tabla: en vertical, debería llegarte aproximadamente entre la barbilla y la nariz. Para empezar, mejor una tabla con flex blando o medio, es más tolerante con los errores que una tabla rígida pensada para nivel avanzado.
  • Las botas: más flexibles que las de esquí, para permitir el movimiento de tobillo que necesitas al controlar los cantos.
  • La ropa: suele ser algo más holgada que la de esquí, para dar más libertad de movimiento, aunque el sistema de capas (térmica + intermedia + impermeable) es exactamente el mismo.
  • Muñequeras: como ya hemos comentado, en snowboard son mucho más recomendables que en esquí.

Tus primeros pasos: busca terreno llano, no pendiente

El primer contacto con la tabla no debería ser en una pista, sino en una zona completamente plana, donde puedas practicar a ponerte de pie, mantener el equilibrio y familiarizarte con la sensación de tener los dos pies fijos, sin el añadido de estar moviéndote cuesta abajo a la vez. Solo cuando eso ya no se sienta raro tiene sentido pasar a una pendiente muy suave.

Para desplazarte en zonas llanas (por ejemplo, en la cola de un remonte), sueltas el pie trasero de la fijación y empujas como si fuera un monopatín, dejando el pie delantero siempre sujeto. Es una técnica pequeña, pero te ahorra bastante torpeza innecesaria los primeros días.

La paciencia en snowboard se paga más caro si no la tienes

La importancia de no forzar el ritmo, que en cualquier deporte de nieve ya cuenta, aquí se aplica todavía con más razón. La combinación de “cuesta más al principio” y “la impaciencia genera más caídas” hace que este sea, precisamente, el deporte de nieve en el que más gente abandona en los dos primeros días, justo antes del punto en el que la mayoría empieza a notar que todo se vuelve más fácil.

Dale a tu cuerpo esos dos o tres días. Es, con diferencia, la inversión de paciencia con mejor retorno de toda la temporada.

Del papel a la tabla

Leer sobre cantos, caídas y goofy o regular está bien, pero nada de esto sustituye a subirte de verdad a una tabla con alguien que sepa corregirte en el momento. Cuanto antes encuentres a esa persona, antes dejas atrás los primeros días duros.

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