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Qué hacer en la nieve además de esquiar: planes para disfrutar de la montaña en familia

Motos de nieve, mushing, patinaje, spa, gastronomía o pueblos con encanto: descubre los mejores planes para disfrutar de la montaña en familia sin necesidad de esquiar.

Cuando pensamos en una escapada a la nieve, lo primero que suele venirnos a la cabeza son los esquís y el snowboard. Sin embargo, cada invierno miles de personas visitan la montaña sin ninguna intención de deslizarse por una pista.

Algunos acompañan a familiares o amigos que sí esquían, otros prefieren un viaje más tranquilo y muchas familias simplemente quieren que los más pequeños jueguen con la nieve y vivan una experiencia diferente.

La buena noticia es que hoy en día las estaciones de esquí y los pueblos de montaña ofrecen muchas actividades para disfrutar del invierno sin necesidad de ponerse unos esquís.

Si estás organizando una escapada en pareja, con amigos o con niños, estas son algunas de las mejores opciones para disfrutar de la nieve de una forma diferente.

Motos de nieve: una aventura para descubrir la montaña

Si buscas una actividad emocionante, las excursiones en moto de nieve son una de las experiencias más populares en los destinos de invierno.

Acompañado por un guía, recorrerás caminos nevados y zonas de montaña que normalmente quedan alejadas de las pistas de esquí. Algunas rutas se realizan durante el día, mientras que otras aprovechan el atardecer o incluso la noche para ofrecer una experiencia todavía más especial.

Aunque solemos pensar en ellas como una actividad para adultos, muchas empresas permiten viajar con un acompañante, por lo que también pueden convertirse en una aventura inolvidable para familias con niños de cierta edad.

Mushing: viajar en un trineo tirado por perros

Si hay una actividad capaz de sorprender tanto a niños como a adultos, esa es el mushing.

Esta modalidad consiste en recorrer paisajes nevados a bordo de un trineo tirado por perros, una tradición que durante siglos fue utilizada como medio de transporte en los países nórdicos y que hoy se ha convertido en una de las experiencias más especiales que pueden disfrutarse en la nieve.

Durante el recorrido no solo descubrirás parajes espectaculares, sino que también conocerás cómo viven y trabajan estos perros, convirtiendo la actividad en una experiencia muy educativa para los más pequeños.

Sin duda, es uno de esos recuerdos que permanecen durante mucho tiempo después del viaje.

Trineos: un clásico que nunca pasa de moda

No todas las actividades necesitan tecnología o grandes preparativos para ser divertidas.

Deslizarse montaña abajo con un trineo sigue siendo uno de los grandes clásicos del invierno y una de las primeras experiencias que viven muchos niños cuando conocen la nieve.

Cada vez más estaciones cuentan con zonas específicas donde practicar esta actividad con seguridad, por lo que resulta perfecta para pasar un buen rato en familia.

Lo mejor de todo es que no hace falta tener experiencia ni una gran condición física. Solo ganas de pasarlo bien.

Patinaje sobre hielo

Muchas estaciones de esquí y pueblos de montaña cuentan con pistas de hielo donde continuar disfrutando del ambiente invernal.

Es una actividad perfecta tanto para parejas como para familias con niños, ya que prácticamente cualquier persona puede probarla aunque nunca haya patinado.

Las primeras caídas suelen formar parte de la experiencia, pero precisamente ahí aparecen también las risas y algunos de los mejores recuerdos del viaje.

Si buscas un plan tranquilo para completar el día, el patinaje sobre hielo siempre es una buena elección.

Descubrir la gastronomía de montaña

Una escapada a la nieve también se disfruta alrededor de una mesa.

Después de pasar varias horas al aire libre, pocos planes apetecen más que entrar en un restaurante de montaña y degustar la gastronomía típica de la zona.

En el Valle de Arán, por ejemplo, es casi obligatorio probar una buena olla aranesa. Descubre dónde en nuestra guía: Restaurantes en Baqueira Beret y el Valle de Arán, pueblo a pueblo. En otros destinos encontrarás fondues, raclettes, carnes a la brasa o platos tradicionales que ayudan a entrar en calor y recuperar energías.

Además de descubrir nuevos sabores, compartir una comida en familia o con amigos suele convertirse en uno de los momentos más especiales del viaje.

Relajarse en un spa con vistas a la nieve

Después de un día de actividades, pocas cosas resultan tan apetecibles como relajarse en un spa.

Muchos hoteles de montaña ofrecen piscinas climatizadas, jacuzzis y circuitos wellness desde los que contemplar las montañas nevadas mientras desconectas por completo.

Es una opción ideal para parejas, pero también para familias cuyos alojamientos disponen de zonas acuáticas adaptadas a los niños.

Porque unas vacaciones en la nieve también pueden ser sinónimo de descanso.

Pasear por pueblos con encanto

No todo ocurre en las pistas. Los pueblos de montaña tienen una personalidad especial durante el invierno. Calles empedradas cubiertas de nieve, pequeñas tiendas, cafeterías con chimenea y un ambiente muy acogedor invitan a pasear sin prisas.

Destinos como el Valle de Arán, la Cerdanya o los pueblos que rodean Sierra Nevada merecen una visita por sí solos.

Es un plan perfecto para cualquier edad y una buena alternativa para quienes prefieren un ritmo más tranquilo o viajan con niños pequeños.

Contemplar la montaña desde un mirador

A veces el mejor plan consiste simplemente en detenerse a admirar el paisaje. Muchas estaciones permiten acceder a miradores mediante telecabinas o remontes habilitados también para peatones, ofreciendo unas vistas espectaculares de montañas, bosques y valles completamente nevados.

Es una actividad muy recomendable para quienes viajan acompañando a esquiadores, para personas mayores o para familias que desean disfrutar de la montaña sin realizar actividades deportivas.

Y si coincide con el atardecer, el espectáculo está prácticamente asegurado.

Disfrutar del auténtico après-ski

Cuando escuchamos la palabra après-ski, muchas personas piensan únicamente en música y fiesta. Sin embargo, el auténtico après-ski es mucho más que eso.

Significa disfrutar de todo lo que ocurre cuando termina la jornada en la montaña: tomar un chocolate caliente, relajarse en una terraza al sol, escuchar música en directo, cenar con amigos o simplemente contemplar cómo cae la tarde sobre las pistas.

Cada estación tiene su propio ambiente y merece la pena reservar unas horas para descubrirlo, incluso aunque no hayas esquiado durante el día.

Jugar con la nieve y hacer iglús: el mejor plan para los más pequeños

A veces buscamos actividades organizadas y olvidamos que la nieve ya ofrece diversión por sí sola.

Construir un muñeco de nieve, un iglú, hacer una guerra de bolas, dibujar un ángel sobre la nieve o pasar horas jugando en un pequeño montículo puede convertirse en el mejor recuerdo de unas vacaciones.

Para muchos niños, esos momentos improvisados son incluso más especiales que cualquier actividad contratada. Y lo mejor es que también permiten a los adultos volver a sentirse como niños durante un rato.

Una escapada a la nieve es mucho más que esquiar

Viajar a la montaña en invierno no significa necesariamente ponerse unos esquís. Cada vez son más las familias, parejas y grupos de amigos que descubren que una escapada a la nieve ofrece mucho más: naturaleza, gastronomía, aventura, relax y experiencias pensadas para todas las edades.

Tanto si buscas una actividad emocionante como si prefieres un plan tranquilo para disfrutar con los más pequeños, encontrarás opciones para convertir tu viaje en un recuerdo inolvidable.

Y quién sabe... quizá después de descubrir todo lo que ofrece la montaña, la próxima vez también te animes a dar tus primeros giros sobre unos esquís o una tabla de snowboard.

La nieve tiene mucho más que ofrecer

Además de clases de esquí y snowboard, muchas escuelas de Snowteach organizan actividades para toda la familia y experiencias únicas para disfrutar de la montaña.