La mayoría de la gente no necesita decidir entre comprar o alquilar, ya lo tiene decidido de facto, porque va a esquiar unos pocos días al año. La pregunta que de verdad importa no es esa, es otra: cómo alquilar bien, para no acabar con un material que no encaja con tu nivel o unas botas que te amargan el día.
Alquilar es, con diferencia, la opción más razonable para la mayoría de la gente, por varios motivos muy concretos:
En la mayoría de tiendas de alquiler vas a encontrar el material agrupado en unas pocas categorías, pensadas para que no tengas que saber de esquís para elegir bien:
Un truco simple para la talla, si te preguntan o puedes elegir: para principiantes, un esquí más corto (por debajo de tu propia estatura, entre 10 y 15 cm menos) gira con más facilidad; a medida que subes de nivel y de velocidad, un esquí algo más largo te da más estabilidad. Hay un tercer factor, la torsión (la capacidad del esquí de retorcerse sobre su propio eje y volver a su forma), pero como principiante no merece la pena que le dediques ni un minuto de atención, es cosa de esquiadores ya muy avanzados. La propia tienda suele ajustar la talla por ti según tu altura, peso y nivel declarado, así que no necesitas más que responder con sinceridad a esas preguntas.
Si vas a alquilar tabla, lo esencial para un principiante son dos cosas: que la tabla, en vertical, te llegue aproximadamente entre la barbilla y la nariz, y que el flex (la rigidez) sea blando o medio, una tabla rígida está pensada para nivel avanzado y perdona mucho menos los errores de canto típicos de los primeros días. Como en los esquís, la propia tienda suele ajustar esto por ti a partir de tu altura, peso y nivel, así que la parte que de verdad depende de ti es decir la verdad sobre cuánta experiencia tienes.
De todo lo que alquilas, las botas son lo que más puede arruinarte el día si no aciertas, y curiosamente lo que menos tiempo dedica la gente a probarse bien. A diferencia de los esquís o la tabla, con las botas no hay categorías de nivel, lo único que importa es que se ajusten bien a tu pie.
Pruébatelas con el calcetín fino que vas a usar el día de esquí, no con un calcetín grueso de andar por casa, porque cambia bastante la sensación de ajuste. Adopta la postura de esquí (tobillos flexionados, rodillas ligeramente hacia delante, peso cargado hacia la tibia) para comprobar que el pie no se mueve dentro de la bota y que la presión se siente homogénea, sin puntos concretos de dolor. Si notas que el pie baila dentro de la bota, pide una talla o un ajuste distinto antes de salir de la tienda, es la única pieza de todo el alquiler donde de verdad merece la pena invertir cinco minutos extra probándotela bien.
Este es un punto que casi nadie explica bien, y que tiene que ver directamente con tu seguridad. Las fijaciones (tanto de esquí como de snowboard) se ajustan según una norma técnica (DIN ISO 11088) que calcula, a partir de tu peso, altura, edad y nivel declarado, la presión exacta con la que la fijación debe soltar el pie en caso de caída. Si sueltan con muy poca presión, se te van a abrir solas sin necesidad; si sueltan con demasiada, no se abrirán cuando de verdad lo necesites, y eso es lo que provoca buena parte de las lesiones de rodilla.
Por este motivo, es fundamental que los datos que das en el mostrador de alquiler sean reales, no una versión “mejorada” de tu nivel o tu peso. Declararte un nivel más alto del que tienes no te va a hacer esquiar mejor, solo va a hacer que tus fijaciones estén ajustadas para alguien que no eres tú. Con niños este punto es todavía más delicado, porque su peso cambia de una temporada a otra, nunca reutilices el ajuste del año pasado sin pasar de nuevo por la revisión de la tienda.
Casi todas las tiendas de alquiler ofrecen una garantía opcional (normalmente unos pocos euros al día) que cubre daños accidentales al material durante tu alquiler, un canto mellado con una piedra, una fijación dañada en una caída, ese tipo de percances. No es obligatoria, pero suele merecer la pena si vas a esquiar varios días seguidos, porque sin ella asumes tú el coste de reparación si el material sufre un daño y puede salir bastante más caro que lo que cuesta la garantía para todo el viaje.
Ojo, porque esto es distinto del seguro de esquí o de viaje que cubra accidentes personales, rescate en pistas o gastos médicos, la garantía de la tienda de alquiler solo protege el material que llevas puesto, no protege tu cuerpo. Si no tienes ya un seguro que cubra accidentes de esquí (por federación, por tu seguro de viaje o por una póliza específica de deportes de invierno), es un tema aparte que conviene resolver antes de subir a pistas, no algo que la garantía del alquiler sustituya.
De poco sirve acertar con las botas, las fijaciones y la talla si luego nadie te corrige la técnica. El material bien elegido hace que el día sea cómodo; el monitor adecuado es lo que hace que aprendas de verdad.